Domingo 11 de Enero de 2026

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Otra mirada sobre el Acuerdo Mercosur-UE: ¿es realmente tan beneficioso para Argentina?

Un Mercosur dominado por Brasil, una Argentina que tiene sus mayores clientes lejos del viejo continente y una geopolítica muy diferente a la de hace 25 años, algunas razones que justifican ser también un poco escéptico sobre el alcance de esta noticia.

Permítanme ser escéptico respecto del tratado de libre comercio del Mercosur con la Unión Europea y sus beneficios para Argentina.

En primer lugar, porque es una carrera en la que Brasil compite con una Ferrari y nosotros con un modesto Audio Union. La desproporción de la escala del agronegocio brasileño con el argentino es abismal.

No solo porque producen 180 millones de toneladas de soja y 120 millones de maíz, contra 50 y 60 respectivamente de la Argentina, sino porque en carnes la diferencia es aún más abrumadora.

En el gigante sudamericano generan anualmente unos 12 millones de toneladas de carne vacuna, 4,7 millones de porcina y 15,7 millones de aviar; es decir, más de 5 veces con respecto a lo que producimos aquí.

De ahí el altísimo interés que mostró el presidente brasileño, Lula Da Silva, en que este acuerdo llegue a buen término, y desde el cual traccionó al resto de los socios a acompañar.

Pero desde el punto de vista del volumen, la carrera está perdida.

ARGENTINA, ¿APUESTA A EUROPA?

En segundo lugar, otro tema relevante es que los negocios de la Argentina están enfocados a otras regiones.

¿Quién es nuestro principal comprador de aceite de soja y girasol? La India. ¿Quién es nuestro principal comprador de poroto de soja? China. ¿De maíz y de harina de soja? Vietnam. ¿De leche en polvo? Brasil y Argelia. ¿De pollo? Arabia Saudita, Vietnam y Brasil están a la cabeza.

La Unión Europea es una región envejecida, que no crece demográficamente y apenas se sostiene en base a los migrantes, y para cuya población nativa es casi más importante la alimentación de sus mascotas con balanceados veganos con ingredientes no GMO, que su propio consumo.

El tercer aspecto es que este acuerdo llega tarde. Demoró más de 25 años en concretarse, diseñado originalmente en un mundo completamente diferente al de hoy. Un mundo donde la UE dictaba los criterios del comercio global y establecía las normas que lo regían.

Hoy ese mundo es distinto. Las organizaciones supranacionales están perdiendo peso y resurge el bilateralismo. La Administración Trump está marcando el rumbo, imponiendo un modelo de relaciones basadas en el intercambio comercial.

Al fin y al cabo, ¿qué le conviene más a la Argentina, que Estados Unidos cuadruplique la cuota vacuna o un acuerdo con un bloque experto en imponer trabas paraancelarias?

Porque la realidad es que la Unión Europea se ha especializado en desarrollar normativas que le sirven para frenar el intercambio comercial. En términos schumpeterianos, son maestros en el arte de incrementar los costos de transacción. La normativa sobre productos libres de deforestación es un buen ejemplo de ello.

En términos geopolíticos, en tanto, no resultaría extraño que, para frenar la influencia de los EEUU, la burocracia de Bruselas haya apurado este acuerdo, incluyendo salvaguardas y aumentando en miles de millones de euros los subsidios a los productores europeos. Incluso la idea de compensar la influencia estadounidense pudo haber estado en el radar de Lula.

En síntesis, espero estar equivocado y que este acuerdo traiga beneficios a nuestra nación; pero, como digo al principio, los hechos me hacen dudar de que así sea.

Por Javier Preciado Patiño

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